miércoles, 10 de abril de 2019

Chicle tras la extirpación del colon


En un artículo publicado en la revista Archives of Surgery del mes de Febrero de 2006, miembros del departamento de Cirugía del Santa Barbara Cottage Hospital, California, se proponen estudiar si tras una resección electiva (no de urgencia) del colon sigmoides (tramo final del colon) mediante cirugía abierta (no por vía laparoscópica), masticar chicle tras la operación estimula los movimientos intestinales y acorta la duración del llamado íleo postoperatorio (reducción de la movilidad del intestino como consecuencia de su manipulación quirúrgica).

La investigación, prospectiva y aleatorizada se ha realizado en un hospital universitario, sobre una población de 34 pacientes que habían sido intervenidos quirúrgicamente para practicarles una extirpación del colon sigmoides, por cáncer o por diverticulitis recurrente (inflamación crónica, con crisis agudas, de divertículos que asientan en el colon sigmoides y que terminan afectando a la pared de éste).

Los datos evaluados durante el desarrollo en el tiempo del periodo postoperatorio inmediato fueron los siguientes: primera sensación de hambre, primera expulsión de gases, primer movimiento intestinal con deposición, días de estancia en el hospital, y complicaciones. Los resultados fueron los siguientes:


  • Un total de 34 pacientes fueron incluidos de manera aleatoria en 2 grupos: un grupo que masticó chicle (n=17) y un grupo de control que no lo masticó (n=17).
  • Los pacientes en el grupo del chicle masticaron un producto sin azúcar, tres veces al día, durante 1 hora cada vez, hasta el momento de ser dados de alta.
  • Las características de los pacientes fueron similares en los dos grupos. Todos los que se incluyeron en el grupo del chicle toleraron su masticación.
  • La primera eliminación de gases ocurrió en los pacientes del grupo del chicle en la hora 65,4 del periodo postoperatorio, mientras que en grupo de control (sin chicle) no ocurrió hasta la hora 80,2.
  • El primer movimiento intestinal ocurrió en los pacientes del grupo del chicle en la hora 63,2 del periodo postoperatorio y en la hora 89,4 en el grupo de control.
  • La primera sensación de hambre se presentó en la hora 63,5 del grupo del chicle y en la hora 72,3 del grupo de control.
  • No hubo complicaciones importantes en ninguno de los dos grupos.
  • El tiempo total de estancia en el hospital fue más corto en el grupo que masticó chicle (4,3 días) que en el grupo de control (6,8 días).


La conclusión de los autores es que masticar chicle en el periodo postoperatorio acelera la recuperación del paciente después de una resección selectiva del colon sigmoides, mediante la estimulación de la motilidad intestinal. En consecuencia, masticar chicle es una medida económica y beneficiosa en el periodo postoperatorio de una resección del colon sigmoides.

martes, 9 de abril de 2019

Tratamiento del bocio con tiroxina


En un artículo publicado en The New England Journal of Medicine del 27 de Abril de 2006, por investigadores de la Universidad de La Sapiencia, en Roma, se proponen determinar si es necesario incrementar la dosis de la hormona tiroxina administrada por vía oral en los pacientes que padecen un bocio multinodular eutotiroideo y, al mismo tiempo, una consumo de la pastilla meformina que fomenta la secreción ácida del estómago.

Los autores evaluaron la dosis de tiroxina (T4) requerida para conseguir un bajo nivel de la tirotropina u hormona estimulante del tiroides (TSH), liberada por la glándula hipófisis, en 248 pacientes con bocio multinodular (conformado por múltiples nódulos) y eutirodeo (con niveles normales de hormonas tiroideas circulantes) tratados con tiroxina por vía oral.

Gastritis relacionada con la presencia del Helicobacter pylori


De estos 248 pacientes, 53 también padecían una gastritis relacionada con la presencia del Helicobacter pylori en su estómago y 60 pacientes una gastritis atrófica en el cuerpo del estómago (31 con evidencia de H. pylori y 29 sin tal evidencia). El grupo de referencia incluía 135 pacientes con un bocio multinodular sin trastornos gástricos.

Además, se estudió de manera prospectiva la variación en el nivel de la tirotropina (TSH) en el plasma en 11 pacientes tratados con tiroxina (T4) antes y después de una infección con Helicobacter pylori y ambos antes y durante el tratamiento con omeprazol en 10 pacientes tratados con tiroxina que tenían reflujo gastroesofágico. Los resultados fueron los siguientes:


  1. Los requerimientos diarios de tiroxina fueron más elevados (de un 22% a un 34%) en los pacientes con gastritis relacionada con la presencia del Helicobacter pylori, con gastritis atrófica o con ambos trastornos, cuando se compararon con los del grupo de referencia.
  2. En los estudios prospectivos, la ocurrencia de infección con el Helicobacter pylori en 11 pacientes tratados con tiroxina determinó un incremento en el nivel de la tirotropina (TSH) en el plasma, un efecto que fue casi eliminado con la erradicación de la infección por el H. pylori.
  3. De modo similar, el tratamiento con omeprazol se asoció a un incremento en los niveles de la tirotropina (TSH) en todos los pacientes (10) tratados con tiroxina, un efecto que fue revertido mediante un incremento del 37% de la dosis de tiroxina.


La conclusión de los autores es que los pacientes con una disminución de la secreción ácida del estómago requieren un incremento de la dosis de tiroxina administrada por vía oral, lo que sugiere que la secreción gástrica normal es necesaria para una absorción efectiva de la tiroxina.